El 26 de julio de 2009 mi amigo
Calvarian, con su blog
Sombra Triste me hizo este regalo por mi santo.
ENCUENTRO, por Calvarian.Para Ana, desde mi playa, con cariño y agradecimiento.
El calor del verano era implacable. Habitualmente no conseguía dormir bien, pero en esa época se hacía más complicado aún. Allí, de pie junto a la ventana, vestida con un fino camisón de raso azul, que apenas rozaba su cuerpo, disfrutaba del aroma y el sabor del primer café de la mañana, admirando, como cada día, la bella estampa del Castillo de Gibralfaro atrapado entre las primeras luces del alba.
Era domingo, pero no perdonaría su visita al paseo marítimo. Se enfundó las deportivas, un pantalón de deporte, que su hija decía que era demasiado corto, una camiseta de tirantes finitos, que resaltaba su silueta, una gorra, gafas de sol y la radio para escuchar la música más actual, y se asomó a la habitación de su “ya no tan niña”, que permanecía dormida, seguramente soñando sueños de adolescencia…
-Vengo enseguida cariño- Pensó lanzando un beso al aire- Espero que hayas escrito algo esta semana. Mis lectores esperan como agua de mayo tu sección semanal- Sonrió
Normalmente corría… Pero aquella mañana, el calor era tan pegajoso, a pesar de que apenas había amanecido, que decidió dar un paseo. Al llegar a la playa, se detuvo unos instantes para dejarse llevar por la brisa del mar mediterráneo, su mar, y los olores de la mañana. Su mente, despejada por completo, libre, quedó atrapada dentro una catarata de emociones y sentimientos.
-Es como si cada día fuera la primera vez que vengo- Pensó
Comenzó a recorrer el paseo. Se cruzó con la misma gente de casi todos los días, los ciclistas que iban molestando por la acera, las dos “doñas cotorras” con su ropa deportiva que charlaban sobre los últimos incendios, el señor mayor del pelo blanco que corría que se las pelaba, y la “trotona invernal”, apodo que había puesto a una joven ataviada con una sudadera y mallas largas, cuya mera visión le producía angustia y asfixia.
-¡Por Diossss! – Pensó-Voy chorreando de sudor, y mira esta… con toda esa ropa. Es que nadie le va a decir que porque sude más, no va a “aligerar” su cuerpo. Que además pierde sales minerales y puede darle un “jamacuco” en cualquier momento…En fin hay gente “pa too” que diría el “Lagartijo”.
Llegó al final del trayecto…su parada obligatoria en el improvisado gimnasio municipal, donde días atrás se había encontrado con aquel pedazo de cuerpo escultural, que además le había tirado los tejos.
-Menos mal. Hoy no está mi Adonis…-Se dijo-. O pensándolo, bien…que lástima, una no ve uno de esos cuerpos de cerca a menudo- Sonrió
Dos mujeres de mediana edad entrenaban juntas. Una hacía abdominales, y la otra remo. Un hombre, que rondaría los 40, con un cuerpo que parecía musculado y trabajado, pero algo descuidado, que seguramente había conocido tiempos mejores, con un pañuelo en la cabeza, un pantalón corto negro, camisa de tirantes del mismo color, y unas gafas de sol a lo “John Lennon”, hacía dominadas. Acabó su serie, y se acercó a ella, que en ese momento hacía unos estiramientos.
-No me digas más el baboso de turno. Anda que no va ridículo ni nada con ese pañuelo con la calavera, parece un pirata jubilado- Pensó
-Disculpe…Buenos días…-Su voz era temblorosa, y se estaba ruborizando.
-Caray lo está pasando mal mi niño…-Pensó con cierta malicia.
-¿Ana?
Ella se quedó de piedra.
-¿Nos conocemos?
-No…bueno sí…quiero decir no físicamente. Quizá…Si eres Ana, claro…
El hombre tenía la cara como la muleta de un torero. Lo estaba pasando francamente mal. Su timidez era evidente. Casi tartamudeaba.
-¿Has preparado la sección dominical de Paloma para tu blog antes de salir?
-¿Cómo? –Esta vez la sorprendida era ella
El hombre se quitó el pañuelo de la cabeza
-Veamos… con un puro, y una calva brillando al amanecer…Me reconoces
-¿Calvarian?
-El mismo que viste y calza…
Ana comenzó a reír compulsivamente…Sentía vergüenza… nunca se hubiera imaginado encontrarse en una situación similar.
-Esta si que es buena…Encantada de conocerte.
-Por fin acierto, es la cuarta vez que pregunto a alguien si es Ana. Ya empezaba a perder la esperanza. Me sentía un tirador de tejos profesional, eso sí, colorado como un tomate. Estamos en un pueblo de la costa, muy cerca, de vacaciones, y llevo varios días pensando en darte una sorpresa. Aunque no sabía muy bien si te sentaría bien o no. Me decía… quizá mi calva le deslumbre, y se largue corriendo.
-Como tú dices, dame un Besix, de presentación. Si es que no me lo puedo creer.- Ana volvió a reír
-Vengo a que me invites a un café.
-Pues llevo las llaves de casa, el móvil, y lo puesto…
-No importa. Te invitaré yo. Anda… que madrugo para conocerte y encima te pago el café. Si es que como sois las mujeres. Que manera de maltratar mi calva…
Ella le golpeó en el hombro, le agarró del brazo, y tiró de él en dirección al paseo.
-Vamos gamberro. Veo que eres el mismo “melón” de tu blog.
Ana llevó a Luís, que así se llamaba el hombre cuyo pseudónimo era Calvarian, a una cafetería donde ella solía sentarse a leer, a veces a escribir unas letras, y la mayoría de las veces a disfrutar de la bahía, de sus aromas y sonidos, de su paisaje.
-Es precioso. ¿Verdad?...
-Tal y como lo describes… La brisa del mar, la arena de la playa, las aguas claras, el sol de la mañana, el paseo…De noche tiene que ser espectacular…
-Lo es Luís. Lo es. Pero espera un poco…quizá logres ver mucho más allá
-No te entiendo. Bueno…tú toma el café, y luego, cierra los ojos, respira hondo, y mira con el resto de sentidos…
Luís le hizo caso…Se relajó, y cerró los ojos…
-No puedo creer lo que estoy percibiendo. Son…
-Lo son.
-Son tus playas… Una de arena blanca, llena de paz y de amor, de felicidad, con el mar en calma, con el agua color verde esmeralda…Es increíble.
Luís seguía con los ojos cerrados
-Y…Oh!!! La playa de arenas negras…Bueno…veo a un tío calvo dando patadas en el culo a una mujer para echarla de su playa.
-Serás tonto…Ana rió, mientras cariñosamente le daba otro golpe en el hombro
-Al final te denunciaré por malos tratos. En pocos minutos me has pegado dos veces. –Ambos rieron.
Pasaron cerca de dos horas charlando de sus cosas. A media mañana, Luís tenía que regresar, era su último día de vacaciones y tenía que preparar el viaje. Por su parte Ana, volvía tarde, y no quería preocupar a su hija…
-Bueno guapix, ha sido un placer. Dale un beso a la pedazo de escritora que tienes por hija. Menuda cabecita tiene mi niña… De todas formas, nos leemos ¿vale?
-Por supuesto…Menuda sorpresa me has dado. Yo diciendo…quien será el baboso pringado ese del pañuelo y… Ana río de nuevo
Se despidieron cariñosamente y tomaron direcciones opuestas. Desde lejos, ambos se saludaron con la mano por última vez. Luis pudo imaginarse la sonrisa de Ana…
-Nos vemos en nuestras playas “chiqui”- Dijo con cierta tristeza.
Muchas gracias.